
En marzo de 2025 presentamos los resultados del primer estudio sobre la soledad en la provincia de Alicante, encargado por la Diputación de Alicante y realizado por el equipo del Observatorio de la Soledad de la Universidad de Alicante. Lo dirigí como investigador principal.
Entre marzo y diciembre de 2024 respondieron al cuestionario 1.898 personas mayores de edad residentes en la provincia. Medimos la soledad con la escala de De Jong Gierveld, que distingue la soledad social de la emocional, y la cruzamos con variables de salud, ingresos, estudios y situación laboral.
El 73,8 % de quienes respondieron manifestó algún grado de soledad, y el 29 % la vivía de forma severa o muy severa. La soledad pesaba más en quienes tenían menos ingresos, menos estudios, peor salud percibida y menos personas dispuestas a ayudarles.
Ese reparto desigual es lo que más me importa del estudio. La soledad sigue el mismo mapa que la pobreza y la mala salud, y eso la convierte en un asunto de política pública.
El diagnóstico fue la base del Plan Estratégico de la Soledad de la provincia, en el que trabajamos desde 2025.